Hoy, en MainstreaM: "Días de Trueno"

Tom Cruise se pone a darle vueltas a una idea, y empieza a darle vueltas y más vueltas, y aún más vueltas, pero como es bastante corto y no acaba de llegar a ninguna parte entonces va y se pone a darle vueltas a la dichosa idea con un coche Náscar a ver si así llega antes, y es en ese instante cuando se da cuenta de que a su alrededor hay también un sinfín de Posgraduados en Filosofía rodando en círculo en torno de sus respectivas ideas, peleándose todos por ser los primeros en conseguir que se les encienda la bombilla y poder gritar aquello de “¡Eureka!”. Entonces, Tom Cruise, que no quiere que el resto se aperciba de que en el fondo es un estúpido integral, se apunta también a la Facultad Nocturnal de Filosofía, auque internamente asume que no es más que un “paquete”. Contrata los servicios de un tutor privado para que le dé clases de repaso, que no es otro que Rubert Duvall, quien a cada instante pone cara de estar arrepintiéndose mucho por haber invertido el dinero de su jubilación en sellos y tener que estar ahora en la tesitura, ¡a su edad!, de explicarle el imperativo moral categórico a un auténtico mastuerzo. En esas que dándole vueltas a sus respectivas tesis chocan Cruise y Michael Rooker porque ninguno quiso cederle la palabra (ni el paso) al otro y ya los véis a los dos en el hospital, hechos un asco e intentando convencer al personal médico de que el hombre es bueno en esencia y Marx no fue más que un avaricioso. Cruise es atendido por la doctora Kidman, frustrada bicivoladora que tuvo que dejar su brillante futuro circense a causa de una lesión de menisco y que decidió finalmente hacerse médico porque la bata blanca y las gafas de empollona no le quedaban del todo mal. Cruise le confiesa que es un fracaso como filósofo, como hombre y como miembro de la escuela "ovalpatética", que como es bien sabido recibe su nombre de lo petéticos que parecen todos dándole una y mil vueltas al circuito oval... En suma, que es un paquete, "soy un paquete" le dice a la médica, a lo que ella responde que no, hombre que no, que lo único malo que tienes es no pasar del metro 70, pero entonces él coge la mano de ella y se la mete en el “paquete”, tras lo cual ella desubre toda la terrible verdad… Mientras tanto, Rooker, éste sí, brillante pensador, ha quedado para el arrastre, así que le dice a Cruise: “Tienes que darle vueltas a mi pensamiento hasta final de semestre… de lo contrario, no sólo no me sacaré el Master, sino que además mi mujer no podrá pagar las facturas de aromaterapia ni mis hijos llevar deportivas Naik”, a lo cual Cruise, incrédulo, responde: “¡¿Es que acaso te crees que soy gilipollas?!”, a lo que Rooker contrapone: “Del todo”, tras lo cual Cruise sentencia: “Esta bien… lo haré”. Y entonces Cruise se las apaña para darle vueltas a las tesis de Rooker cada vuelta más rápido, hasta que consigue perfilarlas y redondearlas y marcar con ellas vuelta rápida, de tal forma que al final le enseñan la Matrícula de Honor a Cuadros. Duvall cobra sus clases; Cruise se cobra a la Kidman, mientras Kidman maldice el paquete que le ha caído encima, y al Rooker, todavía convaleciente, lo proponen para el Nobel.
Y ya está, así terminó “Días de Trueno”, una bonita y celérea historia llena de amor ñoñoide y pensamiento circular.
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Digesivo Rennie salió del Limbo de las Sombras para aportar este Granazo de ArenA al Expecial "ALONSO... ¡¡¡NOS TIENES CONTENTOS!!!